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Los “tensores dérmicos” son una nueva técnica. El éxito de la misma radica en que se trata de un procedimiento sencillo que se realiza con anestesia local.

Una de las ventajas es que no produce un cambio drástico en las facciones y puede complementarse o complementar a otras técnicas tradicionales de la cirugía estética.

Los hilos están hechos de polipropileno (material utilizado en muchas suturas), estériles, biocompatibles y de gran resistencia, concebidos según los parámetros de las técnicas mínimamente invasivas.

Es un tratamiento de rejuvenecimiento dérmico aplicable a personas a partir de los 30 años, con una flacidez o ptosis tisular leve-moderada, en diabéticos, hipertensos, de todo tipo de color de piel ya que no deja ninguna cicatriz. Su utilización más frecuente es en la zona temporal, para elevar las cejas, pómulos, zona mandibular y zona del cuello.

No es una técnica recomendada en aquellos pacientes con excesiva flacidez ya que no se obtendrán los mismos resultados que con la cirugía tradicional, pero sí puede ser utilizado como complemento de un lifting tradicional o en puntos específicos del rostro o en pacientes que haría falta un retoque porque se les manifiestan nuevos signos de flacidez. Sin embargo estas indicaciones deben ser valoradas con un buen examen clínico por el cirujano/a plástico.

La cantidad de tensores dérmicos depende de las necesidades de cada paciente y de la flacidez que presente. El procedimiento no dura más de una hora y se realiza con un poco de anestesia local, no es doloroso, no deja cicatrices y se puede incorporar a la vida cotidiana de forma inmediata.

La ventaja de esta técnica es que se puede ir haciendo en diferentes etapas y agregando tensores para hacer retoques en las zonas donde vaya apareciendo flacidez. El efecto lifting se produce por el mismo tensor dérmico que tiene una estructura de micro escamas que colocadas debajo de la piel logran tensar y levantar y por la fibrosis que se genera la zona (aumento de fibras, colágeno y elastina) que dan la firmeza al tejido.

  • Existencia de contraindicaciones del producto, aunque sean mínimas o leves.